El escritor vitoriano Álvaro Arbina trabaja ya en su cuarta novela

Fue a los 23 años cuando Álvaro Arbina dio rienda suelta a su alma de escritor y publicó “La mujer del reloj”. Como este ‘constructor’ de historias indica, la novela no hubiera podido ver la luz sin ese lado creativo que le aportó la Arquitectura, y que irremediablemente influyó en su manera de enfocar la literatura.

Encontró en las palabras la mejor forma de expresar con total libertad su mundo interior, y así lo hizo con su primera trama, que transcurre a lo largo de los cinco años que duró la guerra de la Independencia (1808-1813), describiendo la aventura de Julián de Aldecoa Giesler, un joven de dieciséis años, en su largo viaje tras el rastro de su padre.

En 2018, publicó su segunda obra, que tituló “La sinfonía del tiempo”, una publicación a caballo entre el thriller y la novela histórica, que ambientó en los siglos XIX y XX, y en la que relata la historia de amor e intriga.

Hace dos años, Arbina volvió a sorprender con una nueva publicación. Pero “Los solitarios” tuvo un inicio difícil de olvidar. Fue publicada el 5 de marzo de 2020 y no pudo presentarse públicamente a causa del confinamiento. Sus ejemplares se quedaron en las librerías hasta que la situación fue remontando.

“Los solitarios” impresionó a los lectores porque supuso su primera incursión en el género de la novela policiaca. Jugando con la idea de los “Diez negritos” retrata a diez personajes que se reúnen en Alaska donde ocurren una serie de crímenes que guardan parecido con la obra de Agatha Christie. De un lado, el toque ‘negro’ y, de otro, el psicólogo, con personajes de lo más variopinto que le exigieron una profunda documentación.

El joven escritor trabaja ahora en su próxima novela, en la que el género negro no tendrá protagonismo. “Será una novela más de personajes, de profundización en estas facetas que me interesan, en el conocimiento de los seres humanos, en nuestras contradicciones, en nuestras bondades y maldades”. Pero asegura, sin aventurar más datos sobre la obra, que no faltará el componente del enigma.

Álvaro se inspira en la cotidianeidad, en los libros…en la vida, con una mirada lúcida, tratando de escuchar y escucharse a sí mismo. Y en esa búsqueda, cuando sale de la rutina, dice sentirse agotado. “Entonces levanto más la mirada, estoy mucho más atento a los estímulos que me rodean, buscando esa información novedosa, observando, en suma, que es una parte importante de la faceta del escritor”.

A Álvaro le gusta estar al tanto de la actualidad, a pesar de esa intensa inmersión que exige su obra. “Aunque el ejercicio de escribir te abstrae del presente y te evade, yo intento estar al tanto de lo que ocurre, lo mismo con la pandemia que con la guerra de Ucrania o con cualquier otro tema de interés”. Y, así, se pregunta incrédulo cómo es posible que este conflicto bélico pueda producirse en el siglo XXI. “La cultura, el civismo y la ética son las armas de que disponemos frente a la ignorancia y la estupidez, que son los gérmenes de esta situación, y la mejor forma de combatirlos está en la cultura, el conocimiento, el estudio y el saber, todas esas herramientas que hemos ido construyendo a lo largo de los siglos”. Por eso, reivindica la utilidad social de la literatura como parte de ese gran engranaje que es la cultura.

Dice, además, que en la actualidad hay muchas herramientas que están al alcance de los más jóvenes. “Pero es paradójico, a pesar de que hay mucha oferta a nuestro alcance, cada vez nos distanciamos más de ella. Parece que los jóvenes están hiperestimulados, pero les cala poco”. Esta revolución tecnológica entra en contradicción con el libro. “La lectura requiere atención, paciencia, compromiso entre el libro y el lector, te hace madurar y te enriquece, pero hoy las nuevas generaciones no están acostumbradas a eso. Espero, sin embargo, que el libro encuentre su sitio”.

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